
A medida que voy sumergiéndome más y más en la interminable carpeta que perteneció a Joaquín Pertierra no solo tengo la extraña sensación de sentirme como un explorador de lo subterráneo, bajando cada vez más en las profundidades de un hombre misterioso, sino también como un intruso. Un incómodo metomentodo que intenta desvelar algo que fué cuidadosamente envuelto hace muchos años, una materia oscura que late en cada uno de los trabajos de Joaquín y que tiene la suficiente potencia para atravesar el blindaje y empapar la superficie de cada uno de ellos. La portada de FALLEN ANGEL que os he puesto hoy aquí, contiene ese eco con una claridad mayor que la que se puede entrever en otras ilustraciones Hoy es el hombre caído, pero antes fué el ángel cuyas alas se queman por el sol, alguien que se tapa la cara con las manos, alguien que corre o unos ojos arrancados. Todas esas imágenes nos dan las claves, nos proporcionan pistas visuales que son como confesiones sordas que atraviesan al tiempo y nos golpean a la vez los ojos y los oídos. La cubierta, para una colección de clásicos juveniles, de "El Último Mohicano" de repente también me parece una elección nada casual. El último guerrero, el solitario miembro de una tribu extinta...
¿Estoy obsesionándome con todo esto? ¿O es la falta de oxígeno a esta profundidad la que me está haciendo encontrar significados que realmente no están ahi...?
2 comentarios:
Es que esa portada de Fallen Angel le deja a uno sin respiración, así que no me extraña que te falte el oxígeno.
Bueno, y también por la profundidad abisal en la que estoy metido... Este Pertierra le obliga a uno a bucear de lo lindo.
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