Como suele ocurrir en este proyecto, el azar ha vuelto a hacer acto de presencia, y después de un tiempo de sequía, en unos pocos días las noticias sobre Joaquín Pertierra se amontonan. Y desde varios frentes se activan las apariciones de los trabajos de Joaquín o sus consecuencias.
Hace cuatro días, otro misterioso correo desde Francia me ponía sobre la pista de una cubierta de Joaquín que desconocía: se trataba de una ilustración de cubierta para un libro de Sherlock Holmes. El misterioso benefactor me comentaba que sabía que yo mismo había ilustrado a Conan Doyle recientemente y me hacía notar la escalofriante coincidencia entre perseguidor y perseguido.
De momento me parece solamente eso, una coincidencia muy común entre ilustradores, dada la popularidad de ciertos clásicos que acabamos compartiendo los colegas.
Pero me inquieta la simetría y me pregunto hasta que punto se está trenzando alrededor de mi carrera la fantasmagórica trayectoria de Joaquín Pertierra.
Ensimismado por estos pensamientos, la misma tarde en la que recibí el correo encontré, deambulando por la Cuesta de Moyano un ejemplar de "la Iliada" de la colección Aura y con el inconfundible dibujo de un rostro que me miraba con aprensión. De repente, soy Troya y acabo de dejar entrar ( oculto dentro de un fascinante regalo abandonado) al temible ejército griego.


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